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viernes, 12 de noviembre de 2010

JUAN PE POETA (Ahora)


Bueno, ya llegó lo último de Juan Pe. Poesía actual. Poesía macerada por los años y las vivencias. Pura poesía. Me alegro horrores de que erBlons te haya "obligado" a volver a la poesía. Una vez más, adelante Juan Pe...

 El genial poeta romántico Gustavo Adolfo Bécquer inventó una extraordinaria definición de la poesía como la “natural, breve, seca, que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye…” A mi juicio, esta definición es, en sí, poesía, por maravillosa. Yo, como ya he dicho en alguna ocasión,  escribí muchos poemas de adolescente y, en un momento determinado de mi vida, todo se paró… como los “cangilones vacíos, girando de sombra llenos”, de mi querido Machado.
            Pero ahora he vuelto a escribir, aunque la métrica, a la cuasi vejez, se me da un ardite. Escribo como me viene, sin contar las octavas o los dodecasílabos… eso quedó para mi etapa gongorina o quevedesca.
            En fin, no quiero cansaros con mis historietas; ya lo hice con aquella costurera que veía entre luces bajo el sopor de la uralita y con la que me cegó en el verano del ochenta y seis. Ahora os dejo mi última criaturita, a ver si os gusta:

El Oriente despunta en colores
tras días de un opaco gris.
Gotas de rocío en las flores
que hacen que piense en ti.
Un frio de escarcha lejana,
un rayito de sol como un candil;
hago trazos en mi ventana
y sueño con la lluvia de abril.
En mi pecho, ardor de sentimientos,
como de mil abejas… mil.
Rocío que se evapora al viento
y en sus gotas te sigo viendo a ti.

Juan Pe Ruiz.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Y ALGO MÁS DE POESÍA…(Por Juan Pe Ruiz)


Esto es Juan Pe en estado puro...

En mayo del año 1986 me enamoré tanto que me dolía hasta el respirar. A principios de ese año padecí un calvario asmático que me hizo más huraño, más solitario si cabe. Pasé el resto del invierno y el comienzo de la primavera encerrado en mi cuarto, entre vahos de eucalipto, y llegué al final de segundo curso universitario sin apetitos para el estudio, sólo para los sueños. Y el resultado de aquellos infortunios fueron tres suspensos de cinco asignaturas, y la paradoja de que me encontraba feliz de haber sido tan descuidado, porque mis pensamientos sólo tenían una proyección: aquella muchachita de ojos marrones y eterna sonrisa que me enloqueció.
            Una tarde de junio quedé con ella con el fin propósito de declararle mi amor… ¡qué ingenuo era yo!. En el sopor de aquella tarde de verano, cuyo recuerdo se me evapora, quedó un paseo interminable, pero estéril. Mi primer libro de poemas, que le regalé en los jardines de la Autónoma, fue el camino hacia ese día de estío en el que mi timidez venció de nuevo, como siempre, y aquel último encuentro se fue como el éter, perdiéndose en el rojizo del bus que paró para llevarse mis ilusiones una vez más…
            Después, mi primer viaje a Málaga, en aquel agosto ruin. Aquella especie de retiro obligado no lo fue para curar lo evidente, que era el asma, sino para sanar lo oculto, que era una gran tristeza interior. Y en aquel autocar que viajaba hacia el sur iba ese chaval de diecinueve años, “ligero de equipaje”, como Machado, con su tortura interior, llorando en Valencia su soledad y en Tomelloso su cobardía… Y al pasar por Córdoba, en aquel amanecer de estrellas sin fin, veía su cara en el horizonte. Su sonrisa era el arco de Orión; la flecha ya no había forma de sacarla de mi corazón…
            En mi destierro austral escribí los más tristes poemas de amor de mi vida. Recuerdos de amaneceres verdes de olivar  y, como en un cuento de hadas, buscar el mundo de Oz… pero las baldosas amarillas eran senderos de un llanto que no tenía fin y un dolor que me llamaba desde el norte y al que jamás acudí.

Miraba cómo el reloj
las horas pasaba.
He quedado esperando
tu ausente llamada.
¡Tic, tac!, más, mucho más,
cuando las sombras pasan
y el tiempo, callando,
ilusiones apaga.
Miro pasar las horas…
¿Por qué no me llamas?.


Abrazada a mí te vi.
Mi corazón soñaba.
Florecía un triste abril
de ilusiones lejanas;
floreció en mi jardín
una espina dorada.
Tu cabello en mi cuerpo…
aún soñé que llegabas.
El amor tan incierto,
y una llama que se apaga.
Entre sueños te amé…
soñé que soñaba.

Juan Pe Ruiz.

viernes, 23 de julio de 2010

POESÍA PARA TODOS!!

Me lo temía. Ha sido destapar  Dani Baeza el tarro de la poesía y ya queremos todos (Juan Pe el primero) liarnos con la poesía. Bueno, pues adelante… a mi amiga Reme le va a encantar.
La primera, cómo no, de Juan Pe. M'ha encantao. Como dice Arturo, no se puede decir más con tan pocas palabras.
De todas formas, no sé si me gusta más la poesía o la introducción que hace a la misma.
Enhorabuena, a todos…



MÁS POESÍA, Y GRACIAS DANIEL.

Me ha encantado el poema que nos invita a leer Daniel Baeza. Lo cierto es que no conocía a este poeta, León Felipe, pero el poema es precioso. Yo soy más de Machado (para mí la cumbre de la poesía), del Lorca del “Romancero Gitano”, no del de “Poeta en Nueva York”, de algunas cosas de Miguel Hernández (no todo), de otras de Bécquer (me gusta más en sus “Leyendas” que en sus “Rimas”). Y es que la poesía me ha acompañado desde muy joven. Escribía en cuartillas cuadriculadas lo que me salía, después procuraba (en la medida de lo posible) ponerle métrica al verso; más tarde pasaba ese rebujito de letras a una Olivetti del cretácico y, cuando tenía los medios folios apiladitos, me iba a una imprenta cercana a mi casa donde me ponían unas tapas duras de diversos colores y, he aquí, aparecía una especie de librito trapero que era “mi” libro de poesías. Llegué a hacer cinco libros así entre 1983 y 1986: “Versos del ayer”, “Sin esperanza”, “Elegía a un corazón dormido”, “En la hora muerta”, “… Y la oscuridad del alma”.  Como veréis, son todos títulos muy optimistas… Y es que yo soy uno de esos a los que citaba Unamuno: “los españoles tienen un sentimiento trágico de la vida”. Y desde los dieciséis añitos ya andaba yo escribiendo cosas tristes que, como “chispas del alma” en palabras del mencionado Bécquer, se transformaban en versos. Por eso ahora, al leer a León Felipe, me sale la vena poeta que dejé hace muchos años. Tal vez vuelva…
Os dejo este poema, mi favorito, que apareció en el libro “En la hora muerta”, de 1985, y que escribí con todo el sentimiento de mi triste adolescencia. Espero que os guste.

      Tu lejanía me duele,
                                   tu ausencia me quema;
                                   no hay dolor como éste,
                                   no hay ilusión que no se pierda.
                                   Somos dos náufragos
                                   en un mar de seda;
                                   somos dos corazones,
                                   miradas que se alejan…
                                   Yo te sueño… ¿me dejas?.

Juan Pe Ruiz.