miércoles, 4 de enero de 2012

¡SOMOS LA MONDA! (I)

Seguramente todos nosotros podríamos explicar muchas anécdotas divertidas ocurridas en nuestra convivencia diaria con nuestros padres, hermanos, hijos, marido, mujer…
Esas anécdotas que, en la mayoría de los casos, parecen inventadas de lo surrealistas que son.
Os invito a que enviéis alguna que os haya ocurrido y que queráis ver publicada en erBlons. Estaré encantado de exponerlas aquí.

  Voy a empezar yo explicando una que me contó alguien cercano familiarmente. Lo explicaba así a los que quisimos escucharla:
-¿Te acuerdas el póster que te dije que le habían hecho al niño en el club, vestido de portero? Sí, un póster casi a tamaño real, de casi 1,5 metros. El niño ha quedado guapísimo.
Teníamos idea de colgarlo en la pared de la habitación, pero para eso había que llevarlo a una tienda de marcos para ver qué soluciones nos daban para colocarlo convenientemente.
El caso es que no veíamos claro ponerle un marco y proteger la imagen con un cristal. El encargado de la tienda nos sugirió plastificar la foto y pegarla a una plancha de cartón –pluma. De común acuerdo con mi marido decidimos plastificarla, de momento, y pegarla al cartón pluma más adelante porque así la podríamos lucir en la habitación del niño durante estos días de fiesta cuando viniera la familia a casa.
Al llegar a casa comenté a mi marido que podíamos pegar el poster a la pared utilizando un producto que se llama blu-tack (una especie de masilla autoadhesiva que se utiliza para pegar papel a la pared sin dejar huella).
-Nooo- me dijo muy entendido, él- voy a traer del trabajo una cinta adhesiva de doble cara que lo va a pegar muy bien.
Me callé y le hice caso. Pensé que esa cinta debía ser muy buena.
Al día siguiente, cuando llegó mi media naranja del trabajo, vino con un rollo de aquella cinta maravillosa. Pusimos unas cuantas tiras en la parte posterior del póster y lo enganchamos a la pared.
No había pasado media hora cuando vino el niño diciendo que el póster se había desenganchado y había caído al suelo.
-Mira, Fulano, la foto se ha caído a pesar de la “fuerza” del adhesivo de doble cara. Voy a ponerle un poco de blu-tack y verás cómo se aguanta.
- ¡Qué dices…! cómo se va a aguantar una foto tan grande sólo con esa masilla… Deja,  voy a poner cinta adhesiva de doble cara en toda la parte posterior del póster. Ya verás cómo se aguanta, ¿no ves que esta cinta se usa para pegar moqueta? Tiene mucha fuerza…
Volví a callarme y dejé que llenara toda la parte posterior de la imagen con aquella cinta que ya empezaba a darme mala espina.
La volvió a pegar a la pared.
-¿Ves? Ahora sí que no se cae.
Al poco:
-¡Mamááá´! El póster, que se ha despegado otra vez.
Entro como un basilisco en la habitación, llamo a mi marido y le enseño el póster despegado de nuevo:
-Conque para pegar moquetas, ¿eh?... Moquetas sí pegará, pero con este póster no puede. ¿Ves como no puedo hacerte caso…? A ver, ahora ¿qué hacemos…?
- Bueno, mujer, no te sulfures de esa manera. Déjalo aquí en la mesa del niño que estoy acabando de ver la película y luego ya, si eso...
La cosa acabó de la siguiente manera:
Entró mi hijo en su habitación a jugar con el ordenador. Vio el cartel encima de su mesa. Lo quitó de allí y lo puso, bien estirado, encima de la cama, con la “potente” cinta de doble cara hacia arriba.
Al poco, aparece por allí mi hija de casi 3 añitos y se pone a hacer la croqueta encima de la cama, bueno encima de la cama, no, encima del póster; más concretamente encima de la cinta de doble cara que cubría toda la cara posterior de la lámina…
Como podréis deducir, la lámina se pegó a la niña y ésta, sorprendida y asustada, escapó como pudo de aquellas “arenas movedizas” que querían engullirla.
Cuando mi marido y yo, al oír los gritos de la niña, entramos en la habitación pudimos comprobar lo fuerte que era el adhesivo de doble cara: La lámina se había doblado por la mitad y una cara se había pegado con la otra. Aunque intentamos separarlas utilizando hasta un cúter, nos fue imposible conseguirlo.
El póster, que debía decorar una de las paredes de la habitación del niño, fue a parar al cubo de la basura.
El niño se pasó dos horas llorando.
Yo estuve dos días de morros con mi… con éste.
Éste se ha hecho la idea de que el blu-tack es chicle y se lo va comiendo a trocitos.

Ah!, con lo que ahorramos en chicle hemos comprado otro póster…

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