viernes, 30 de marzo de 2012

¿Y CUANDO EMPIEZA LA CALOR?

En Actualpsico hay un artículo sobre la primavera que seguro que nos ayuda a entender por qué estamos de estas maneras. No es el cambio de hora, no os penséis.

LA PRIMAVERA LA SANGRE ALTERA

TE RECUERDO AMANDA

Un poquito de música para el recuerdo. Victor Jara, único.

jueves, 29 de marzo de 2012


Sí, estoy contento porque he secundado la huelga. Una huelga que, digan lo que digan los ricos, ha sido un éxito. 
He asistido a las manifestaciones que también han sido un éxito. 
Aún así, tengo la esperanza de que las circunstancias empujen a los que no la han hecho a entender que perder todos los derechos conseguidos con tantos años de lucha, que tantos compañeros hayan sido encarcelados durante la dictadura, que tantos estudiantes, hace pocas semanas, hayan sido apaleados por la policía que no defiende al pueblo sino al poder, no pueden tirarse a la basura porque sí y que, puede que también ellos, o sus hijos, padezcan estas injusticias en sus carnes.
Esta huelga había que secundarla, se ataca directamente a los derechos de cualquier trabajador. No podemos permitirlo.
En la manifestación de Barcelona éramos muchos miles de personas que no estaremos dispuestos a permitir ese tono de soberbia con el que los dos gobiernos que sufrimos en Catalunya nos dicen que no retirarán la reforma laboral.
Por último, he escuchado las declaraciones de hoy de Durán y Lleida y de nuevo he sentido ganas de vomitar. Lo siento, no lo puedo resistir.

miércoles, 28 de marzo de 2012

MUJERES, GRANDES MUJERES (CARMEN, CAP. 5)

Me explicaba todo esto, Carmen, con una tristeza inmensa, profunda, pero sin derramar una lágrima.
-Pero como dicen que a cada cerdo le llega su San Martín – aquí la cara de Carmen perdió su rictus dramático y su cara se llenó de luz – una tarde, cuando volvía a casa, después de pasar a visitar a algunos clientes a ver qué podía vender, mientras cruzaba un paso a nivel sin barreras, cercano a la casa donde vivíamos, la Pinta se paró en medio de las vías justo en el momento en que el tren aparecía allá al fondo… Mi marido arreó a la mula para que siguiera, pero el animal pareció percatarse de la situación y no avanzó ni un centímetro. El hombre insistió y la mula, tozuda, no se inmutó. Las entendederas del hombre tampoco eran demasiado largas así que no dio al momento la trascendencia pertinente, así que, llegó el tren, les alcanzó de pleno a los dos y mandó a ambos al otro barrio.
-Sentí más pena por ella que por él- me dijo guiñándome un ojo.
Seguidamente hizo que acercara mi oreja a su boca y, mucho más en secreto, Carmen me explicó que cuando todo esto sucedió, ella ya hacía casi medio año que había conocido a Manel.
Manel trabajaba en el puerto, era el gruista de una de las máquinas que descargaba las mercancías de los barcos atracados en el puerto.
-Lo conocí en una de las ocasiones en que fui a buscar a mis hijos de 12 y 13 años que yacían dormidos, borrachos perdidos en el piso de alguna de las muchas y tabernas que poblaban las calles cercanas al puerto.
Eran tabernas malolientes, –me dijo oprimiendo su nariz con dos dedos, para evitar que aquel olor la llevara directamente a aquellos sórdidos lugares- malolientes, oscuras y húmedas.
Él me había visto llegar en más de una ocasión a aquellos hediondos lugares y había tenido que apartar de mí las manazas de alguno de los parroquianos que pensaba que cualquier mujer que entraba en aquellos locales era una mujer cualquiera. Él me había ayudado a cargar primero a uno y, después de llevarlo a mi casa, cargar al otro para hacer lo mismo que con el primero.
La cara de Carmen se había iluminado mientras me explicaba esta parte de su vida. La sonrisa que esbozaba me hizo pensar que la relación con este hombre había sido buena para ella. Me explicó que, tiempo más tarde, Manel le había confesado que, cuando le ayudaba a cargar a uno u otro de sus hijos, sus hermosos ojos, tristes, cansados, le llegaban muy al fondo de su corazón, hasta el punto que hubiera peleado con cualquiera de aquellos borrachos que frecuentaban las tabernas y que hubiera tratado de propasarse con ella.
-El caso es que Manel empezó a frecuentar mi casa con la excusa de ayudarme a transportar aquellos fardos humanos en que se habían convertido mis hijos. El caso es que en una de aquellas visitas relámpago me dio el primer beso y el segundo y… así empezó mi relación con Manel.
Uno de aquellos días en que bajé al puerto a buscar a mis hijos, como de costumbre, un estibador, amigo de Manel y mío, me dio la noticia de que mis hijos se habían enrolado en un barco mercante que se dirigía a Argentina.
El descubrimiento me produjo más alegría que pena. Me sentí aligerada no sólo del peso de sus cuerpos cuando estaban borrachos sino también porque la vida junto a ellos y el que era su padre se hacía insoportable, máxime cuando el trato de Manel era absolutamente distinto.
Poco tiempo después sucedió lo del tren y una vez que la mula y su dueño estuvieron enterrados Manel y yo preparamos nuestro viaje a Barcelona. Yo ya estaba embarazada de mi pequeño Manel y había que poner tierra por medio y enterrar con esa misma tierra los recuerdos de tantos años desgraciados.
Los años que he vivido con mi marido han tenido penas y glorias, pero nadie nos ha quitado la felicidad de estar juntos hasta el final.
Ahora yo espero el mío, aquí, hablando contigo, Manel.

martes, 27 de marzo de 2012

MUJERES, GRANDES MUJERES (CARMEN, CAP. 4)

Pasados unos días volví a la residencia para visitar a mi conocida, aunque, si tengo que ser sincero, realmente ardía en deseos de seguir conversando con mi nueva amiga.
Cuando entramos en la sala y, tras saludar a la persona a la que habíamos ido a ver, me acerqué al sitio donde sabía que estaría, sentada, Carmen. Efectivamente, allí estaban aquellos ojillos, sorprendidos al verme. Aquella cara dibujando la expresión de ¿y de qué conozco yo a éste?
Le hice memoria y me recordó:
-Eres el que me enfrió la manzanilla el otro día. A mí me gusta más caliente. ¿Cómo te llamas?
Le repetí mi nombre y le hice un rápido resumen de lo que me había explicado en aquella ocasión.
Después de recordarme ella a mí que llevaba 15 años ingresada allí, que su marido nos había dejado en agosto y que para merendar le gusta tomar una manzanilla bien caliente, siguió con su historia:
-Durante un tiempo malvivimos, mi madre y yo, en Tarragona, pero mi madre no podía resistir las visitas y el maltrato de aquel energúmeno y decidió volver al pueblo. Allí vivía la segunda de sus hermanas y, en la casa que había sido de sus padres, ya fallecidos, ocupamos una pequeña habitación, donde dormíamos las dos. A cambio, yo debía ocuparme de la limpieza de la casa y mi madre del cuidado de los animales de la casa y de las casas de alrededor.
-El caso es, - me explicaba Carmen con tristeza- que tenía 9 años y apenas había ido unos meses a la escuela, mientras estuvimos en Tarragona. Apenas sabía escribir y me defendía algo mejor leyendo.
Pasaron los años y cuando Carmen cumplía 19, reunió las pocas fuerzas que tenía, cogió su atillo y puso rumbo, de nuevo, a la capital.
Se hospedó en una habitación de un piso cercano a la casa de su tía y estuvo trabajando como criada en diferentes casas y como limpiadora en el mercado municipal. Con lo que ganaba, apenas tenía para pagar la habitación donde dormía.
-Por aquel entonces frecuentaba la casa de mi tía un cuñado suyo que tenía unos 40 años. –mientras Carmen me explicaba estos pormenores se produjo, una tarde más, toda la liturgia de la taza de manzanilla- Coincidimos en alguna ocasión y, pronto empezó a visitarme en mi alojamiento. En una de esas visitas consiguió forzarme y, con la promesa de casarse conmigo, mi cama pasó a ser suya también. No tardé en sentir los síntomas del embarazo y entonces, él decidió que debíamos vivir juntos en un piso para nosotros solos.
El que, desde entonces, llamé marido, sin habernos casado, era vendedor de ropa a domicilio. Vendía la ropa yendo por las casas de la capital y los pueblos cercanos y la cobraba a plazos. De lunes a viernes hacía las ventas y los sábados y domingos los dedicaba a cobrar, casa por casa.
Me explicó Carmen que el trato que daba “su marido” a todos los que tenían que relacionarse con él era extremadamente desagradable, llegando a mostrarse muy violento sobre todo con ella y con Pinta, la mula que utilizaba para que tirara de un carrito con el que se desplazaba de pueblo en pueblo. Cuando la mula, agotada de tirar, todo el día de una casa a otra, se negaba a seguir, el energúmeno no tenía compasión y, a fuerza de latigazos, hacía que avanzara hasta donde él quería.
En los 15 años (otra vez el número 15) que vivieron juntos, los malos tratos, los gritos, los insultos, toda la violencia imaginable, fue la tónica general.
Tuvieron dos hijos, los dos varones, los dos tan brutos y tan desalmados como su padre. Dos hijos que nunca le dieron ningún tipo de alegría.

lunes, 26 de marzo de 2012

ALGO MÁS SOBRE KAFKA. (Por Juan Pe Ruiz)


Reconozco que de las obras de Kafka sólo conozco los resúmenes de sus obras, leídos en diferentes fuentes y en diferentes momentos de mi vida, pero si Juan Pe dice que Kafka es grande, Kafka es grande, no sé si tanto como Alá, pero grande.
De nuevo, gracias, Juan Pe, por confiar a erBlons tus ensayos.


He vuelto a leer, en inagotables sesiones de frenesí psicológico, las tres grandes obras de Franz Kafka (1883-1924): La Metamorfosis”, “El Proceso” y “El Castillo”. Y aún sigo cuerdo… bueno, eso creo, al estar escribiendo este ensayo.
                   La Metamorfosis” es quizá su obra más conocida. Gregorio Samsa, una mañana, despierta en su cama y no puede bajar de ella, porque su cuerpo se ha convertido en el de un repugnante insecto. Al principio, su hermana cuida de él, y le atiende, pero cuando ve que apenas come y no hay solución a la terrible pesadilla que todos están viviendo, lo abandona a su suerte, hasta que perece por inanición.
                   “El Proceso” es la esquizofrénica lucha de Joseph K por conocer por qué un día, sin previo aviso, unos oficiales de la justicia le hacen saber que, contra su persona, se ha abierto un proceso. Son verdaderamente agónicas las descripciones que hace Kafka de los palacios de justicia (las llamadas “secretarías”), de los que también están procesados, de los jueces, del pueblo en general. Me quedo con la claustrofóbica descripción del “estudio” del pintor que le explica los tres tipos de procesos que hay. Es tan real que, al leerla, uno siente esa asfixia típica de los lugares cerrados e insanos. He encontrado un interesantísimo artículo  del escritor Albert Camus, el autor de “La Peste”, llamado “La esperanza y lo absurdo en la obra de Kafka”, del que extraigo lo que sigue: “En “El Proceso” es acusado José K… Pero no sabe de qué. Quiere, sin duda, defenderse, pero ignora por qué. Los Abogados encuentran difícil su causa. Entre tanto, no deja de amar, de alimentarse o de leer su diario. Luego le juzgan, pero la Sala del Tribunal está muy oscura y no comprende gran cosa. Supone únicamente que lo condenan, pero apenas se pregunta a qué. A veces duda de ello y también sigue viviendo. Mucho tiempo después, dos señores bien vestidos y corteses van a buscarle y le invitan a que les siga. Con la mayor cortesía le llevan a un arrabal desesperado, le ponen la cabeza sobre una piedra y lo degüellan. Antes de morir, el condenado dice solamente: “Como un perro””.
                   “El Castillo” ya lo comenté en un anterior ensayo que comencé titulando: “La agonía de la vida…” Recuerdo aquí brevemente lo que decía un excelso Luis Acosta de la relación de la obra con el inicio de la tuberculosis en Kafka: “La génesis de “El Castillo” está ligada de una manera directa a los vaivenes de la enfermedad del autor”. Pero voy a ampliar un poco más citando a Camus: “A K… le nombran agrimensor del castillo y llega a la aldea. Pero desde la aldea es imposible comunicarse con el castillo. Durante centenares de páginas se obstinará K… en encontrar su camino, hará todas las diligencias posibles, empleará astucias, andará con rodeos, no se enfadará nunca y, con una fe desconcertante, se empeñará en ejercer la función que se le ha confiado. Cada capítulo es un fracaso. Y también una reanudación. No es lógica, sino perseverancia. La amplitud de esta obstinación constituye lo trágico de la obra.”
                   Kafka es agotador, pero encantador a la vez. Quizá parezca una paradoja, pero, para mí, son esos los sentimientos que encuentro en su lectura: el hastío y la felicidad. Me saca de quicio, no lo niego, porque vuelve una y otra vez a lo mismo para, al final, fallecer, tanto Samsa, como Joseph K., como K…, en la más triste de las soledades, en una especie de estoica posición ante la vida. Eso es precisamente lo que Albert Camus nos quiere explicar cuando dice: “Por eso Samsa, el protagonista de “La Metamorfosis”, es un viajante de comercio. Por eso lo único que le preocupa en la singular aventura que lo convierte en una araña es que a su patrón le causará descontento su ausencia. Le crecen patas y antenas, su espinazo se arquea, su vientre se llena de puntos blancos, y no diré que no le asombre, pues fallaría el efecto, pero sólo le causa un “ligero fastidio””.
                   Enorme Kafka, descansa en paz tú también.

Juan Pe Ruiz.


jueves, 22 de marzo de 2012


No dejéis de leer un interesantísimo artículo sobre strés y la ansiedad aparecido en nuestra web amiga Actualpsico. El escrito nos descubre sensaciones que ya habíamos barruntado, pero no acabábamos de llevar a cabo.
Podéis verlo en:
http://www.actualpsico.com/la-respiracion-estrategia-para-hacer-frente-a-la-ansiedad/

miércoles, 21 de marzo de 2012

MUJERES, GRANDES MUJERES (CARMEN, CAP. 3)


Antes de que convirtiera en palabras sus pensamientos le pregunté si es que ella no se había quemado con la taza.
-¿Tú has visto a algún viejo que se queme con algo que está cocinado? De la olla a la boca, cuando hay hambre, se enfría cualquier bocado.
De todas formas esperé un ratito para que se enfriara un poco la bebida. Mientras tanto Carmen siguió explicándome sus vivencias.
Después de que muriera su padre ella se quedó con su madre al cargo de la casa del amo durante un breve tiempo. Ellas no podían llevar los campos adelante y el jefe puso un nuevo masovero que, con su familia ocupó la casa y se quedó al cargo de los campos.
-Mi madre y yo tuvimos que irnos a vivir a la capital. Mi madre hacía faenas en casa de personas conocidas del alcalde que ya no lo era. El amo visitaba de vez en cuando el pequeño piso donde vivíamos. Cuando él llegaba a casa yo tenía que irme y no volver hasta al cabo de un par de horas. Me iba a casa de una tía mía, hermana de mi padre, que siempre había vivido en la ciudad. Era más joven que mi madre y no tenían demasiada relación, pero, a veces se hacía cargo de mí cuando mi madre no estaba en casa.
Algunas veces cuando volvía, mi madre estaba llorando. En alguna ocasión la encontré con un labio roto o un ojo amoratado. Mi madre me decía que se había caído limpiando los cristales de la ventana…
Antes de acabar esta parte del relato, Carmen, ya me había hecho gestos de que le alcanzara la manzanilla. Cogió la taza con las dos manos y, mientras hablaba y se calentaba las manos con el calor del líquido, fue dando pequeños sorbos y acabó con la infusión y el relato al mismo tiempo.
Yo tenía que marcharme ya, así que hice ademán de levantarme. Ella me dio la mano y me dijo que había sido muy amable por haberle hecho compañía.
Le prometí que volvería otro día con la secreta esperanza de que me siguiera revelando retazos de su vida. Una vida llena de vivencias de todo tipo y que ella recordaba con total claridad.

MUJERES, GRANDES MUJERES (CARMEN, CAP. 2)


Mientras llegaba la manzanilla, Carmen empezó a explicarme que su padre había muerto con 32 años, cuando ella tenía sólo siete. Vivían en pueblo de la provincia de Tarragona.
-Murió harto de trabajar. Era el masovero de las tierras que el alcalde de Tarragona en aquel entonces, tenía en el pueblo. Cuando el señor venía al campo, pedía cuentas de lo que había dado la tierra en las últimas semanas y si la cosecha no había sido muy buena se enfadaba mucho con mi padre. Varias veces le había pegado con la fusta de arrear al caballo y, una vez, le amenazó con la escopeta.
Mi padre trabajaba todas las horas del día y, si hacía falta, durante la noche. Quería tener siempre todo listo para cuando viniera el señor, pero el señor nunca tenía suficiente.

Cada vez que la enfermera pasaba por delante de donde estábamos sentados me miraba y asentía con la cabeza, dando fe de lo que decía Carmen.
Los ojillos de la anciana se habían ido humedeciendo según me hablaba de su padre, un ser muy querido por ella.
-Se murió con 32 años, de fatiga por el trabajo, de pena por ver que nunca saldría adelante. De furia por sentirse esclavo de aquel energúmeno.
Siempre me decía que quería que yo fuera a la escuela, que aprendiera a leer y a escribir, que no fuera una analfabeta como él, que pudiera defenderme en la vida, pero se murió sin poder cumplir su promesa.
-Nada, que esta tarde no voy a merendar. ¡María!, mi manzanilla… ¿cuándo me la vas a traer?
-Ya voy, ya voy, señora Carmen. Es que no tiene usted paciencia…
-Demasiada paciencia es lo que yo tengo con vosotras – Carmen no se apocaba y contestaba con mal humor.
-Tenga, – por fin había llegado la infusión con la que merendaría Carmen esa tarde – lleve cuidado no se queme…
La cara que puso la señora cuando cogió la taza con la manzanilla me hizo sospechar que debía quemar. Efectivamente rodee con mis manos la mano con la que sujetaba la jícara y con cuidado se la quité y la puse en el suelo mientras se enfriaba un poco. No había ninguna mesilla cerca, y había que soltar, pronto, aquella especie de meteoro ardiente que amenazaba con abrasar nuestras manos.
No pareció gustarle mucho la idea a Carmen porque me lanzó una mirada inquisitoria, como diciendo:
-¿Qué haces, imbécil? Toda la tarde esperando la infusión y ahora me la pones bien lejos…

martes, 20 de marzo de 2012

MUJERES, GRANDES MUJERES (CARMEN, CAP. 1)


Conocí a Carmen por circunstancias que no vienen al caso, en una residencia de ancianos, en la ciudad de Barcelona.
Carmen es una mujercita muy delgada, de ojos vivarachos que te siguen desde que entras en la gran sala donde los residentes reciben a los visitantes, ven la televisión, meriendan, dormitan y en ocasiones hablan con sus compañeros.
Ya en visitas anteriores al día de nuestra conversación había percibido yo esa mirada vivaz, pero a la vez ansiosa de reciprocidad.
Veréis, cuando uno visita una residencia de ancianos, ancianos, lo primero que advierte es la mirada entre serena,  indiferente y penetrante de todos los presentes en el lugar. Cuando eres capaz de ir mirando, uno por uno, a todos los que allí residen, puedes leer en sus ojos esas vivencias que han llenado sus vidas y que ahora mientras se arrellanan en los sillones de la sala tratan de recordar o de olvidar.
Cuando aquel día saludaba a la persona a la que habíamos ido a visitar con mi mujer, oí a Carmen que me hablaba. Me decía:
-No se ha tomado el café con leche de la merienda- me dijo señalando a mi conocida- no se lo ha tomado…
No tuve por menos que mirarla y, aunque en aquel momento, yo no tenía intención de hablar con ella, insistió en hablarme:
-A mi marido lo enterraron hace tres meses. Ahora ya no me hace compañía.
Busqué la mirada de la cuidadora que trajinaba cerca, repartiendo la merienda, y asintió.
-Yo llevo aquí 15 años – continuó diciendo Carmen.- Mi marido murió hace tres meses, en agosto.
Me decidí a prestarle atención y me senté a su lado. Su sonrisa se hizo amplia. Miró a su alrededor con alegría. Por un segundo pensé que se iba a levantar para saludar al respetable, pero no fue así, ni nadie recibió su sonrisa.
Qué grande es la soledad de nuestros mayores, cuántas cosas les quedan todavía por decirnos y que poquita importancia les damos nosotros…
Lo primero que me preguntó fue mi nombre.
-Manuel – le dije.
-Manuel, como mi marido, como mi hijo menor, como mi hijo… Yo me llamo Carmen,
tengo 82 años y hace 15 que estoy aquí.
-Cinco, señora Carmen, - oí que decía la cuidadora que en ese momento pasaba por delante nuestro – lleva cinco años aquí, no quince.
Carmen la miró con indiferencia, pensando “¡tú que sabrás!”.
-¿Cuando me vas a traer la manzanilla? – aprovechó para recordarle a la asistenta.
-Ahora, señora Carmen, está el agua hirviendo y se va a quemar la lengua.

miércoles, 7 de marzo de 2012


L’Alcalde Xavier Trias visita Projecte Home Catalunya
Xavier Trias, Alcalde de Barcelona, juntament amb  Cristina Iniesta, Delegada de Salut, van visitar el passat 3 de març el Centre que Projecte Home Catalunya té a Barcelona. Durant la visita van estar acompanyats per Antoni Castella i Contxita Solé, vicepresidents de la Fundació,  Luis del Olmo, membre fundador de l’entitat, Josep Mª Bosch Aymerich, patró,  Oriol Esculies, director de Projecte Home, Sònia Font, directora del Centre de Barcelona, Mercedes Galán, coordinadora del mateix Centre i un grup de persones i familiars en tractament, voluntaris i terapeutes.
Projecte Home ha atès 308 persones i els seus familiars per drogodependències i altres addiccions residents a la ciutat de Barcelona, que correspon al 24% del total de persones ateses durant l’any 2011 als diversos centres d’atenció de l’entitat.
·                         El 88% són homes (12% dones).
·                         La mitja d’edat és de 29 anys; suposant un 82% els majors de 23 anys (Perfil adult) i un 18% menors de 23 anys (Perfil adolescent-jove).
·                         Substància principal de consum que motiva la demanda d’ajut:

L’entitat també disposa de 2 pisos de reinserció social al barri del Born (Ciutat Vella), així com desenvolupa diversos programes de prevenció a centres educatius i accions formatives i de sensibilització a la ciutat comtal.
L’alcalde va poder conèixer la realitat de les addiccions de primera mà a través de les persones que estan en tractament i les activitats que realitza Projecte Home al Centre de Barcelona, i que li van transmetre la necessitat de dotar de més respostes degut a l’increment de les demandes d’ajuda al municipi i d’una major coŀlaboració entre l’ajuntament i l’oenegé.
L’Alcalde Xavier Trias acompanyat de la Dra. Cristina Iniesta amb Oriol Esculies, Antoni Castella, Contxita Soler, Luis del Olmo, Sònia Font, Mercedes Galán, Antoni Bosch, Roser Viure i una representació de familiars, usuaris, voluntaris i treballadors de Projecte Home Catalunya.

TRES PERLITAS DE HOY

Por si no estáis suficientemente indignados con todo lo que ocurre en el país, os dejo estas tres perlas que se pueden leer en los periódicos digitales de hoy.

Gallardón: Muchas mujeres abortan por la presión social que les supondría tener el hijo.

El PP:  La iglesia católica no disfruta de privilegios ni de impunidad jurídica en España.

El fundador de Inditex se sitúa como 5º hombre más rico del mundo.
En plena crisis económica en que los pobres desgraciados estamos manifestándonos porque nos descuenten del salario, eliminen las subvenciones a la educación y recorten todo lo que puedan o más en la sanidad, el personal se enriquece de forma descarada .
País...

jueves, 1 de marzo de 2012

LOS ÁNGELES MÁS LITERATOS (Juan Pe Ruiz)

Supongo, amigo Juan Pe, que pronto nos hablarás de la relación que hay entre la palabra ángel y la de venidos del más allá, eso es, del espacio. La cosa se pone interesante… Como siempre, gracias por tus aportaciones.  

 Mucho se ha hablado de los ángeles durante la historia de la literatura, sin mencionar, cómo no, las infinitas citas comprendidas en el “libro” de los libros, esto es, la Biblia. Sería para completar un estudio enorme, no un pequeño ensayo, así que resumamos. Comencemos por Dante, por ejemplo: “Sus rostros eran llamas vivientes, sus alas eran de oro; todo el resto era de intenso color blanco, ni la nieve puede comparársele. Cuando descendieron hasta la Rosa en flor, de jerarquía en jerarquía, compartieron la paz y el ardor que habían obtenido, y las alas abanicaban sus flancos” (Divina Comedia. Paraíso, XXXI). Normalmente, los ángeles dantescos son como los que han aparecido a lo largo de los siglos en cuadros y frescos de las Iglesias católicas: blancos, inmaculados, con alas de oro en sus flancos… Pero hay mucho más detrás de estos voladores espíritus. Veámoslo.
            Una descripción muy parecida a la del escritor florentino es la que da Père Lamy: “Su vestimenta es blanca, pero de una blancura sobrenatural. No puedo describirla, porque no es comparable a la blancura terrena; es mucho más suave. Estos ángeles luminosos están envueltos en una luz tan diferente de la nuestra que en comparación todo lo demás parece oscuro. Cuando uno ve una bandada de cincuenta de ellos queda atónito. Parecen vestidos con láminas de oro y se mueven sin cesar, como muchos soles”.
            Sin embargo, la descripción bíblica de los ángeles por parte del profeta Isaías es bien distinta. En su visión, el profeta nos dice: “En el año en que murió el rey Uzías, vi al Señor sentado en un trono elevado; su séquito llenaba el templo. Sobre él estaban los serafines. Cada uno tenía seis alas; con dos de ellas cubrían su rostro, con otras sus dos pies, y con las otras dos volaban…” Es semejante esta descripción a la que hace el inglés John Milton en su genial libro  “El Paraíso Perdido”: “… tenía seis alas para proteger sus divinas formas; el par que tenía sobre cada hombro cubría su pecho con ornamento real; el par del medio ceñía su cintura como una zona estelar y rodeaban su lomo y sus muslos un plumón dorado y colores celestiales; el tercero cubría sus pies con plumas y hebras del color del cielo”.
            Volvamos a Milton. En su mencionada obra llamó “Satanás” al demonio principal , que  había sido el ángel preferido de Dios. Dante lo denomina “Lucifer”, que en latín es “el portador de la luz” (Lux: luz; Ferre: llevar), y no lo sitúa en un pozo de llamas, sino en un lago helado (El Cocito), pues, como dice algún comentador de la “Comedia”, “el hielo es lo más adecuado para el frío corazón de quien no puede amar”. El Lucifer de Dante es un monstruo gigantesco. Su cabeza tiene tres rostros. El del frente es rojo, y de los otros dos, que se unen a éste en la línea central de cada hombro, uno es de color blancoamarillento y el otro negro.  “De debajo de cada uno salían dos poderosas alas del tamaño correspondiente a esa ave: nunca vi velas tan amplias. No tenían plumas, sino la forma y textura de las de un murciélago. Y las batía, habiendo soplar tres cientos hacia adelante” (Divina Comedia. Infierno, XXXIV).
         Tres referencias más a la Biblia y terminaremos con San Agustín. La primera, la del Apocalipsis de San Juan, 12, 7-9: “Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles combatieron con el Dragón. También el Dragón y sus ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Y fue arrojado el gran Dragón, la Serpiente antigua, el llamado Diablo y Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojado a la tierra y sus ángeles fueron arrojados con él”.  La segunda, volvemos a Isaías, que es el profeta que más he leído en la Biblia: “¡Cómo has caído de los cielos, Lucero, hijo de la Aurora! ¡Has sido abatido a tierra, dominador de naciones!. Tú, que habías dicho en tu corazón: “al cielo voy a subir, por encima de las estrellas de Dios alzaré mi trono, y me sentaré en el Monte de la Reunión, en el extremo norte. Subiré a las alturas del nublado, me asemejaré al Altísimo”. ¡Ya!. Al sepulcro has sido precipitado, a lo más hondo del pozo” (Isaías 14, 12-15). La tercera, la de Ezequiel, que los vio así en el trigésimo año del cautiverio de los judíos de Babilonia: “Y miré y vi un torbellino que provenía del norte, una gran nube y un fuego que se envolvía a sí mismo, y una luminosidad que lo rodeaba y que emanaba de una niebla de color ambarino, entre el fuego. También de allí provenían cuatro criaturas vivientes. Se parecían a un hombre. Y cada una de ellas tenía cuatro rostros y cuatro alas. Y sus pies eran rectos; las plantas de sus pies eran como las de un ternero y brillaban como el bronce bruñido. Y debajo de las alas tenían manos de hombre. Las alas estaban unidas entre sí, no se doblaban cuando avanzaban, se dirigían hacia adelante”.
            Y para acabar, como anticipaba, leamos a San Agustín: “Los ángeles son espíritus, pero no son ángeles porque sean espíritus. Se convierten en Ángeles cuando son enviados. Pues el nombre de Ángel se refiere a su oficio, no a su naturaleza. El nombre de su naturaleza es Espíritu; el de su oficio, Ángel, que equivale a mensajero”.

Juan Pedro Ruiz.

LO QUE NOSOTROS NO QUEREMOS...

En su discurso de apertura del curso parlamentario, la presidenta argentina hace mención a Garzón, presente en la sala y se forma la que se forma.